Sinlond











{Friday, August 7, 2009}   Divague, no tiene sentido;

… no hace falta que lo tenga para sentir con el alma.

Rain_by_kathryna

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¿A quién le gusta la lluvia?

A mi sí, me fascina…

Es música, y junto a la brisa se funden en la más preciosa caricia de la naturaleza sobre la piel.

Usualmente cuando escribo me siento, con mi lapicera o el teclado delante, muy predispuesta siempre a que “se lea lindo y agradable” lo que sea que cuente, pero hoy no, hoy solo tengo intenciones de divagar en el efecto que me causa esta circunstancia.

Es un accidente, un accidente bellísimo.

Nada mejor para relajarse de las tensiones y con tantísima variedad. Probaste alguna vez observarla a través de la ventana, sí, exactamente esa ventana que se vino a tu memoria cuando lo leíste. ¿Intentaste observarla bajo algún toldo sintiendo el fresco cuando cae la noche?, en esas ocasiones personalmente no me gusta, me entristecen un poco y me llenan de melancolía.

Verla sobre un río, mar, lago, arroyo, piscina o mucho más sencillo, sobre algún charco en la calle, me parece magia.

Deslizándose sobre el rostro de la persona que amás; bueno, eso no pude verlo aún, pero cuando lo descubra les cuento lo que sentí.

A veces me gusta mezclar el sonido de la lluvia con mi música preferida o muy excepcionalmente radio, siempre dejando el volumen bajo.

Sé que para muchos significa tristeza, incomodidad y hasta mal humor, pero pienso que jamás podré entenderlos, aunque no me arrepiento!.

Me pasé la vida imaginando vivir en una gota de lluvia muy cerca de las nubes y de algún arcoiris. ¿Dónde te gustaría vivir?, quizás en una estrella, en el espacio, en una isla. ¿Cómo sería vivir dentro de un libro? entre la letras! en una hoja…



{Saturday, December 20, 2008}   Excusa para compartir

Hoy tuve que leer en un examen este texto, es muy bonito y con “bonito” no me refiero a alegre, pero sí a que es sumamente interesante y de una excelente escritora como Silvina Ocampo.


“ANILLO DE HUMO*

________________________silvinaocampo

Recuerdo el primer día que viste a Gabriel Bruno. El caminaba por la calle vestido con su traje azul, de mecánico; simultáneamente, pasó un perro negro que al cruzar la calle, fue atropellado por un automóvil. El perro, aullando porque estaba herido, corrió junto al paredón de la vieja quinta, para guarecerse. Gabriel lo ultimó a pedradas. Desdeñaste el dolor del perro para admirar la belleza de Gabriel. ­¡Degenerado! ­exclamaron las personas que te acompañaban. Amaste su perfil y su pobreza. Una tarde de Navidad, en la quinta de tu abuela, repartieron en las caballerizas (donde ya no había caballos sino automóviles), ropa y juguetes para los niños del barrio. Gabriel Bruno y una intempestiva lluvia aparecieron. Alguien dijo: ­Ese chico tiene quince años; no tiene edad para venir a esta fiesta.

Es un sinverguenza y, además, un ladrón. El padre por cinco centavos mató al panadero. Y él mató un perro herido, a pedradas. Gabriel tuvo que irse. Lo miraste hasta que desapareció bajo la lluvia. Gabriel, hijo del guardabarreras que mató no sé por cuántos centavos al panadero, para ir de su casa al almacén pasaba todos los días, con la esperanza tal vez de verte, por un callejón que separaba las dos quintas: la quinta de tu tía y la quinta de tu abuela materna, donde vivías. Sabías a qué hora Gabriel pasaba, galopando en su caballo oscuro, para ir al almacén o al mercado, y lo esperabas con el vestido que más te gustaba y con el pelo atado con la más bonita de las cintas. Te reclinabas sobre el alambrado en posturas románticas y lo llamabas con tus ojos. Bajaba del caballo, saltaba el zanjón para acercarse a Eulalia y a Magdalena, tus amigas, que no lo miraban. ¿Qué prestigio podía tener para ellas su pobreza? El traje de mecánico de Gabriel las obligaba a pensar en otros varones mejor vestidos. Hablabas a Eulalia y a

Magdalena de Gabriel Bruno el día entero, en vano. Ellas no conocían los misterios del amor. Todos los días, a la hora de la siesta, corriste sola al callejón. De lejos brillaba la cinta de tu pelo como un barco de vela en miniatura o como una mariposa: la veías reflejada en la sombra. Eras la mera prolongación de tu sentimiento: el cirio que sostiene la llama. A veces, en el camino, se desataba el moño; entonces, colocando la cinta entre tus dientes, te recogías el pelo y volvías a atarlo, arrodíllada en el suelo. Como tenía que haber un pretexto para que pudieras hablar con Gabriel inventaste el pretexto de los cigarrillos: llevabas plata en tu bolsillo, se la dabas a Gabriel para que fuera al almacén a comprarlos. Después fumaban, mirándose en los ojos. Gabriel sabía hacer anillos con el humo y te los soplaba en la cara. Reías. Pero estas escenas, tan parecidas a las escenas de amor, iban penetrando en tu corazón apasionado. Una vez unieron los cigarrillos para encenderlos. Otra vez encendiste un cigarrillo y se lo diste. Era en el mes de enero. Jubilosas las chicharras cantaban con ruido de matraca.

Cuando volviste a la casa, oíste que tu padre hablaba con tu madre. Era de ti que hablaban. ­Estaba en el callejón, con ese atorrante. Con el hijo del guardabarreras. ¿Te das cuenta? Con el hijo del que mató al panadero por cinco centavos. Hay que ponerla en penitencia. ­Son cosas de chica, no hay que hacer caso. ­Tiene once años ya! ­dijo tu madre. No se atrevieron a decirte nada, pero no te dejaban salir sola. Fingías dormir la siesta y en vez de correr al callejón, después de almorzar, llorabas detrás de las persianas o del mosquitero. Oíste, entre el casero y un ciclista, un diálogo insólito: hablaban de Gabriel y de ti. Dijeron que Gabriel se vanagloriaba en el almacén hablando de los cigarrillos que fumaban juntos. Decían que te había dicho palabras obscenas o con doble sentido. Te escapaste a la hora de la siesta, corriste al cerco, para perder tu anillo. Gabriel pasó a la hora de siempre. Fuiste a su encuentro. ­Vamos ­le dijiste- a las vías del tren. ­¿Para qué? ­Se cayó mi anillo al cruzar las vías ayer cuando fui al río. Verdad y mentira salían juntas de tus labios. Fueron, él a caballo y tú caminando, sin hablarse. Cuando llegaron a las vías del tren, él dejó su caballo atado a un poste y tú te arrodillaste sobre las piedras. ­¿Dónde perdió el anillo?­te preguntó, arrodillándose a tu lado. ­Aquí­dijiste, apuntando el centro de los rieles. ­Bajaron las señales. Va a pasar el tren. Salgamos de aquí ­ exclamó con desdén. ­Quiero que nos suicidemos ­le dijiste. Te tomó del brazo y te arrastró afuera de las vías, justo a tiempo. Las sombras, la trepidación, el viento, el silbato del tren, con mil ruedas pasaron sobre tu cuerpo. Para Semana Santa, Gabriel te siguió hasta la iglesia. Lo miraste dentro del aire con incienso de la iglesia, como un pez en el agua mira un pez cuando hace el amor. Fue la última entrevista. Durante veranos sucesivos, lo imaginaste deambulando por las calles, cruzando frente a las quintas, con su traje de mecánico azul y ese prestigio que le daba la pobreza.



{Wednesday, December 3, 2008}   INTROVERSIÓN NOCTÁMBULA

Detenida frente al destello que se despega de tus ojos.

Sintiendo cada partícula de aire sobre la piel. Deseando como siempre algo más.

Ilusionándome con el vacío, percibiendo el modo en el que el sonido se torna cada vez más fuerte en mí oído y sentenciada a vivir con escenas reales frustradas. Entumeciéndome cada espacio del corazón al recordar tristezas y  provocando fortaleza desapasionada en el espejo.

Ayer caía sobre mis rodillas implorando al cielo, callando secretos, desnudando amor.

Así se escriben historias, un tanto confusas, pero efectivas a la hora de enredar. Tenaz y delicada, la fragilidad hecha conciencia de lo perdido y adquirido.

 



{Saturday, February 2, 2008}   Vago sentimiento.

Puede parecer trágico este escrito… pero no está escrito desde esa postura. Hecha la aclaración:

 arena-y-mar-amanecer-o-atardecer-q-se-yo.jpg

Llora el alma por demás en sangre.

Ya basta dice mi cuerpo, basta de piedras

uniformes, abstractas; idiotez mental.

 Arrastro los dedos sobre la arena

marco surcos que el viento hace desaparecer,

y así, llego al punto en que mis ojos se tildan en la nada

y solo siento.

Tan solo late el corazón.

Corazón, océano, viento y tierra: uno en el mundo, somos el mundo…

…y el universo es más infinito que antes, y nosotros somos más grandes que antes. VIDA! 



{Friday, February 1, 2008}   Al Alma en el Alma.

Te mueves, eres viento

Te espero, sueño a vos

Quiero ser tu dueña,

quiero ser tu Sol

quiero ser Princesa de tu corazón.

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Te llamo y no respondes,

quiero ser tu Sol,

te llamo y no respondes,

se rompe el corazón.

al-alma-desde-el-alma.jpg



{Thursday, January 31, 2008}   Ven Tú

Qué más da si esto sigue igual.
Qué me queda si todo he de perder.
Por qué afirmo que pierdo? la verdad es que todo se aleja de mi.
Es que quizás es mi destino?.

Cuántas preguntas para responderme… y dónde estás? por qué no sales de mis sueños? quién no lo permite? quién te aleja de mi?.

Por qué es que no….
Por qué siempre debe ser no…

Ojos verdes, sí, veo una mirada envuelta en verde, muy precisa, terminante, punzante. Me atrapa y me lleva todo, pero me libera y me deja sin nada de sí.

Si sus labios hablaran y yo pudiese escuchar en el aire, nada más, su voz. Una frase, una promesa. Dónde estás?

Nunca señales, nunca una pista, un brillo de ti.

Creeme que estoy cuando dices que no, creeme que busco tu alterego y no lo encuentro, no lo tienes? ven tú.

angel.jpg



Que me miren a los ojos, y me digan si el reflejo existe. Que me lleven a cuestas hasta el fin del final, para que vean que en mi mente todo se puede, que el alba es grande y alcanzable, que el desierto no es más que un grano de arena, y que las montañas solo son obstáculos que se pueden atravesar sin escalar.

Sencillamente el alma vaga por la vida presa en un estructurado bosquejo modelado por Dios. Así me llama el Sol, asi le grito a la Luna. De este modo me encuentro con un sueño, el que siempre anhelo.. y nunca se cumple, el que siempre siento y en realidad no existe, el que me engaña afirmando cercanía cuando en verdad… cada instante me abandona volteando la mirada hacia a mi… pero con su cuerpo impulsado al frente.



et cetera