En Washington están perplejos por la situación de la Argentina

WASHINGTON. A la distancia, desde esta capital, la Argentina queda muy cerca de Venezuela. Al menos así lo cree un vasto número de legisladores demócratas y republicanos, mientras la administración Bush calla en público -y expresa sus reservas en privado- sobre la marcha del gobierno de Cristina Fernández de Kirchner. Una imagen que, al menos, no es tan tajante como la dominante en Wall Street.

El gobierno de Estados Unidos mantiene su cautela oficial a la hora de abordar la Argentina y lo que llama sus “asuntos internos” o “domésticos”.

Pero en voz baja sus funcionarios buscan información sobre la marcha de la economía y el contexto político. Buscan datos sobre la Casa Rosada tanto como sobre la inflación, el conflicto con el campo o la marcha de la economía, según comprobó LA NACION.

El Departamento del Tesoro indagó en datos más específicos, como la evolución de los depósitos bancarios durante las últimas dos semanas.

Quizá se deba a que su referente para América latina, Brian O Neill, trabajó como banquero en Buenos Aires. Sabe, por lo tanto, de la “volatilidad” y la “sensibilidad” que caracteriza de tanto en tanto el sistema bancario local.

“Digamos que lo que parece dominar es la perplejidad, más que hostilidad, ante la Argentina”, comentó el vicepresidente del centro de estudios Interamerican Dialogue, de esta capital, Michael Shifter, cuando LA NACION le preguntó sobre la relación bilateral y la visión de Washington sobre el país. “Se mira cómo evoluciona la situación”, añadió, la que definió como “más problemática de lo que la mayoría anticipó”.

Numerosos legisladores, por su parte, encuadran el país en una categoría sui géneris, por momentos más cerca de Brasil, pero por lo general más próxima a Caracas y La Paz, como comprobó el embajador en esta capital, Héctor Timerman, en sus reuniones de las últimas semanas.

Una y otra vez, los legisladores exponen como uno de sus primeros comentarios alguna alusión a los vínculos entre el presidente Hugo Chávez y la Casa Rosada.

Su respuesta, según la repitieron las oficinas de dos legisladores a LA NACION, fue que él no es “el embajador de Venezuela o Bolivia” en Washington, sino de la Argentina.

Uno de esos legisladores fue el líder de la bancada republicana en el Subcomité para América latina en el Senado, Richard Lugar. Pero no es el único.

La presidenta Cristina Fernández de Kirchner podrá cotejarlo hoy, cuando se reúna con la contraparte de Lugar en ese subcomité, el demócrata Chris Dodd, quien también preside el poderosísimo Comité sobre Bancos, Vivienda y Asuntos Urbanos del Senado. La carpeta de Dodd incluye la posición de la Argentina en América latina y las dificultades del Gobierno ante los mercados internacionales, es decir, holdouts y Club de París.

Pese a los excelentes contactos de Dodd con Wall Street -que aportó a su fallida campaña presidencial de este año-, Fernández de Kirchner tendrá un punto de partida favorable. Un mes atrás, el demócrata lamentó los “asesinatos políticos” y las “groseras violaciones de los derechos humanos” cometidos en la Argentina por “regímenes militares” a los que apoyó Estados Unidos en los 70.

El “enfermo”

Más tajantes son los analistas de Wall Street, como Rafael de la Fuente, de BNP Paribas. “La Argentina: ¿el enfermo de América latina”, tituló su último informe. Comparó al país con un maratonista que aplica métodos heterodoxos para entrenar, fuma, se pelea con otros corredores “y cuando sus tiempos comienzan a decepcionar, empieza a hacer trampa”.

Ante el campo, abundó el experto de la consultora Eurasia Group Daniel Kerner, el Gobierno “dobló la apuesta”. Espera que el paso del tiempo desgaste a los agricultores, los lleve a cometer errores y los enfrente con la opinión pública. “De este modo, es improbable que el conflicto se resuelva pronto, pero los agricultores quizá se vean forzados a desistir en las próximas semanas. Mientras tanto, la incertidumbre continuará siendo elevada.”

Para De la Fuente, de todos modos, el conflicto con el campo “marcará un antes y un después en el manejo de la economía de los Kirchner”. Aun así, concluyó, “no pensamos que el Gobierno pueda aplicar el cambio necesario”, por lo que volvió a la metáfora con que abrió su análisis: la Argentina es un maratonista “con riesgo cardíaco de primera”.

Por Hugo Alconada Mon
Corresponsal en EE.UU.

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